domingo, 22 de junio de 2008

Sobre el oscuro abismo en que me mezco

Debo pedir disculpas por mi tardanza. La verdad es que he dejado este espacio de reflexión un poco apartado. Tal vez, porque en este tiempo he apartado deliberadamente esa palabra de mi diccionario. A veces, es necesario saborear la vida sin reflexión alguna, dejarse llevar conducido por el vaivén de las olas, arriba, siempre arriba, sin pensar en la caída. Pero he vuelto. Y lo hago para hablar, de nuevo, sobre Manolo García.

Fue el pasado jueves en la plaza de Toros de Valencia. A pesar de que colecciono todos sus discos desde que tenía 14 años, no había tenido la oportunidad de tararear sus letras en el albero de una plaza, entre treintañeros que conocían palmo a palmo cada una de las canciones de “El último de la Fila”.
El color de la noche de junio, el fervor de la multitud que se sabía unida por dos horas y diez minutos, y la entrega del artista; configuraban un escenario perfecto en el que no importaba que Manolo García ya no cumpla los 30, ni los 40; y que se enmarañe entre sus propias letras.

Comenzó su repertorio desgranando Saldremos a la lluvia, con pedazos de su andadura junto a Quimi Portet. En la segunda parte, bajó a la arena, subió a las gradas y se mezcló con el público para aliviar la sed de escuchar “En el oscuro abismo en que te meces”, “Ardió mi memoria”, “A San Fernando”, o “Insurrección”. No me importa reconocer que me resbalaron lágrimas con “Sin que sepas de mí” y “Vendrán días”. No es la emoción de encontrarse frente a un ídolo, es la magia de recordar y transportarse a otra vivencia con una melodía. Eso, dicen, es el triunfo de un artista.


Se dejó en el tintero mi canción favorita. Una canción que habla del amor con una sencillez entrañable. Aquí os la dejo. Pensadlo, ¿quién no se ha sentido alguna vez como un burro amarrado en la puerta del baile? Volveré pronto.

http://es.youtube.com/watch?v=ROP9g_Bjo08

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